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Así lo afirmó el profesor José Fernando Jiménez, adscrito al Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Facultad de Minas. Del orden de un 80 por ciento de los contaminantes atmosféricos los generan los vehículos.

Debido a la alerta que se generó por los altos índices de contaminación en el aire de  Medellín y el Valle de Aburrá, el profesor José Fernando Jiménez, adscrito al Departamento de Geociencias y Medio Ambiente, explicó varios aspectos que se vienen analizando desde el Laboratorio de Calidad del Aire (CALAIRE) de la Facultad de Minas.

 

¿Los últimos registros de CALAIRE qué es lo que han mostrado?

Marzo es un mes muy contaminado en el Valle de Aburrá, aunque este año ha sido particularmente grave la situación. Las mediciones que se toman en la red de calidad del aire lo están demostrando. Es claro que estamos muy por encima del promedio histórico de concentración de contaminantes atmosféricos. Así que, para nosotros, la alarma actual no es un asunto de opinión: los datos a los que nos referimos están sometidos a estricto análisis.

 

¿Desde la academia, qué cree que se puede hacer para ayudar a solucionar el problema?

Lo primero es que podemos contribuir a que los habitantes de la ciudad comprendan la magnitud y la gravedad de la situación. Lo segundo que podemos hacer es respaldar técnicamente a quienes toman las decisiones de gestión con datos y análisis claros. Con base en nuestros informes las autoridades ambientales tienen mejores elementos de juicio para la búsqueda de soluciones ante una problemática que puede convertirse en recurrente y progresivamente más dañina para el grueso de la población. 

 

Usted qué opina de incrementar los periodos del pico y placa, ¿cree que sería una buena solución?

La contaminación del aire en Medellín tiene dos facetas. Por una parte está el componente físico: recordemos que la ciudad está encerrada entre montañas, que este es un valle más bien hondo y estrecho, que los vientos aquí son relativamente débiles. Estas condiciones, en su conjunto, no favorecen un buen mezclado y barrido de los contaminantes por fuera del valle hacia otras zonas del departamento.

 

La otra parte del problema es que nosotros todos, los habitantes del valle, contribuimos a la emisión de una cantidad importante de contaminantes a la atmósfera, los cuales, como se dijo, no se remueven con facilidad. En este punto, un pequeño esfuerzo de parte de la población contribuiría a mejorías apenas perceptibles en la calidad del aire. Por poco que sea, lo cierto es que por algo hay que empezar.

 

Pero, ¿cómo hacer un mejor esfuerzo? En otras ciudades con problemas de contaminación atmosférica similares, las administraciones y autoridades ambientales apuntan a dos acciones básicas: mejorar el sistema público de transporte, haciéndolo más eficiente y menos contaminante; y, segundo, haciendo menos atractivo el uso del vehículo privado. Estas dos medidas son complementarias.

 

En ese orden de ideas, el ampliar la medida del pico y placa, sobre todo en algunos periodos de la mañana (entre 6 y 9 de la mañana) y cayendo la tarde (entre 5 y 8 de la noche), podría ayudar pero no va a resolver la situación.

 

Específicamente, ¿qué se ha observado desde CALAIRE?

Por lo general tenemos algunas estaciones que muestran niveles de calidad del aire moderados, se trata de las ubicadas en Barbosa, Girardota y en las afueras del área más urbana del valle. En otras estaciones, sobre todo del centro de Medellín hacia el sur, los índices muestran a menudo condiciones  dañinas a la salud para grupos de población sensible, es decir ancianos, niños, mujeres embarazadas, y personas con problemas respiratorios.

 

Durante el mes de marzo de este año, muchas de las estaciones de la Red de monitoreo de calidad del aire -en ocasiones todas- han mostrado un escalamiento de la problemática. Los índices ahora son dañinos para toda la población, lo cual ha desencadenado dificultades respiratorias y de otros tipos en muchas más personas de lo que es habitual. Eso se refleja en el aumento de consultas en hospitales y clínicas por causas muy probablemente asociadas a la contingencia atmosférica que vive la ciudad.

 

En este momento, ¿en qué se centran los análisis de CALAIRE?

La Red de monitoreo tiene un poco más de 20 estaciones, pero no todas miden lo mismo ni obedecen a los mismos criterios de ubicación. El interés actual está enfocado en las mediciones de un contaminante denominado PM 2,5, el cual consiste en partículas muy finas que flotan en el aire y pueden ingresar fácilmente por las vías respiratorias hasta los alvéolos pulmonares (divertículos terminales del árbol bronquial, en los que tiene lugar el intercambio gaseoso entre el aire inspirado y la sangre). Es decir, hasta lo más interno del pulmón.

 

El problema con esas partículas es que son tan finas que, incluso si las personas tienen tapabocas, pueden ingresar a los pulmones. Este polvillo como tal puede que no sea dañino, si no fuera porque a menudo acarrea sustancias perjudiciales: moléculas, virus, bacterias, hongos, que viajan como cómodos huéspedes sobre una nave espacial.

 

¿Qué recomendaciones se les puede hacer a las personas del común?

Ante todo hay que darse cuenta del uso inconveniente del carro particular. Probablemente esta cultura tomó fuerza entre nosotros porque se creía (y se cree) que tener carro o moto da estatus. Me temo que los que piensan de esta manera están francamente equivocados: si da estatus es el que otorga el trancón, la ansiedad, la deuda en los bancos que nos dejó el “cuatro puertas”.

 

Pura dispepsia vial urbana del siglo  XXI. Por el contrario: ¿Qué hay más grato que disfrutar, caminando, una ciudad limpia? ¿Qué más bello que desplazarse en bicicleta por las calles de la ciudad y de tu barrio? ¿Has visto cómo se ve de linda la gente que usa bicicletas?.

 

Y, por otro lado, cómo no pensar en que la educación es lo fundamental. Sin educación estamos perdiendo la oportunidad de cambiar la manera de habitar la ciudad y, por supuesto, el planeta. Pienso más que todo en la población joven y en los niños; de todos nosotros son los más dispuestos a intentar un cambio. Lástima que haya tanto crío suspirando, ya desde la cuna, en su propio carrito.

 

El profesor Iván Sarmiento, adscrito al Departamento de Ingeniería Civil de la Facultad de Minas, y experto en movilidad urbana, ha mostrado que al 2030 podríamos tener casi doble de vehículos circulando en el Valle de Aburrá de lo que tenemos ahora. Y uno se pregunta: ¿eso como circulará? La respuesta es sencilla: eso no circulará. Una ciudad en tales condiciones sufrirá de un tremendo estreñimiento vial. En algunas ciudades europeas esa proliferación de vehículos a veces obliga a sus propietarios a dejar el carro en la calle, a cinco o más cuadras de su domicilio, justo porque no hay donde estacionarlo.

 

O los ciudadanos ponemos de nuestra parte o las condiciones de contaminación atmosférica no van a mejorar. Y tenemos derecho a presionar a las autoridades para que asuman una actitud responsable al respecto. De lo contrario esta ciudad podrá recibir algunos galardones: innovación en mascarillas para respirar, para acomodar cinco y más vías una sobre otra, para tratar trastornos cardio-respiratorios con medicina de punta...O quizás ganemos el premio nobel del oso urbano, pues en efecto estamos haciendo el oso.