Escudo de la República de Colombia

 El 11 de abril de 1887 nació en Medellín la Escuela Nacional de Minas, bajo la mirada visionaria de dos grandes hombres, los hermanos Pedro Nel y Tulio Ospina Vásquez, quienes impulsaron la creación de uno de los centros de  enseñanza ingenieril más importante del país. Hoy, 130 años después la ahora Facultad de Minas de la Universidad Nacional Sede Medellín se ha consolidado como uno de los centros de enseñanza ingenieril más importante del país.

Como un homenaje a nuestra historia recordamos el discurso pronunciado por Tulio Ospina, primer rector efectivo de la Escuela de Minas de Antioquia, el 2 de enero de 1888.

 

Discurso pronunciado por Tulio Ospina, primer rector efectivo de la Escuela de Minas de Antioquia, el 2 de enero de 1888.

 

 

 

"Al nombrarme director interno de la Escuela de Minas, cuyas tareas se inician hoy solemnemente, me habéis hecho el mayor honor que mi patriotismo pudiera ambicionar; porque habéis asociado mi nombre a uno de los hechos más trascendentales que se han realizado en Antioquia. La regeneración científica de la industria minera es el camino que más seguramente puede conducirnos a la resolución de la crisis económica que embaraza la marcha progresiva del País.

 

Os presento Señor, la expresión de mi profundo agradecimiento por tan inmerecido honor, y os prometo que, si las circunstancias no me permitieran seguir al frente de este plantel, mi persona y mis humildes servicios siempre le pertenecerán.

 

Habéis mostrado, con la maestría de un hombre observado que ha consagrado largos años de su vida al laboreo de las minas, la importancia que tiene para Antioquia la instalación de esta Escuela. Nada me resta que decir sobre esta  materia a los jóvenes qué vienen a inscribirse en ella; y habré de concretar mis

palabras a un punto al parecer extraño a la ocasión, pero cuyo estudio debe hacerse antes de dar principio a las tareas escolares, porque su influencia es decisiva en el porvenir de los alumnos que entran a cursar en la Escuela, y en los beneficios que de ella se promete al País, hablo del carácter del minero.

 

Jóvenes: Si imagináis, como el vulgo, que la Minería es una industria fácil, siempre lucrativa y libre de sinsabores y peligros, estáis en un lamentable error.

 

Hasta hace pocos años la estadística europea mostraba que la mortalidad por accidentes era mayor en el gremio de los mineros que en los ejércitos en campaña. Y hoy mismo, cuando la legislación y la experiencia obligan a tomar precauciones extraordinarias, casi no hay día en que los diarios europeos no registren la muerte de decenas y aun centenas de mineros por explosiones de gases combustibles, derrumbamientos, incendios, asfixia....

 

Entre nosotros los peligros son mucho mayores: a los tropiezos de la explotación rudimentaria se unen los de la naturaleza tropical: los miasmas palúdicos, los reptiles venenosos, y un territorio fragoso y hostil, defienden celosos nuestra riqueza metálica.

 

Las dificultades de la explotación son tanto mayores cuanto son más deficientes nuestros medios. Descender al seno de la tierra, luchando, sin recursos, con la infiltración, el calor, la carencia de aire respirable y la dureza o fragilidad excesivas del terreno; ó bajar el cauce de nuestros torrentosos ríos cuando sus ondas braman a algunos metros sobre nuestras cabezas, contenidas apenas por débiles ramas, es obra de titanes.

 

El minero necesita, pues, ser de carácter valioso, de ánimo sereno y de indomable energía.

 

Por otra parte, nuestras minas, si bien casi inagotables, no son ricas: su verdadera riqueza la han hecho las virtudes eximias de nuestro pueblo. Para hacerlas productivas es necesario trabajarlas con orden y economía; y el minero antioqueño necesita ser sobrio, económico y ordenado.

Ninguna industria se presta tanto al fraude como la Minería, porque en ella el público aventura su capital sobre la plata del experto; y la honradez ha de ser la primera cualidad del lngeniero de Minas.

 

He aquí condiciones que se necesitan para ejercer dignamente la profesión a que aspiráis. Aquellos de entre vosotros que sintáis en vuestro pecho ánimo suficiente para luchar sin temor y sin descanso con las dificultades naturales y las preocupaciones sociales; los que hayáis heredado de vuestros padres la honradez, la energía y los hábitos de economía y de trabajo proverbiales en nuestra raza, dad un paso al frente porque vuestro es el porvenir. Los errores y los fracasos de los que os hemos precedido en la exploración del territorio colombiano arrojan luz sobre vuestra senda, y podréis triunfar de la naturaleza con menos esfuerzo que nosotros. Pero los que no llenéis todas estas condiciones haríais mejor en volver vuestras casas, porque llegaríais con el tiempo a ser la deshonra de la Escuela, y sólo contribuiríais a la ruina de nuestra querida Patria".