Escudo de la República de Colombia

La startup Firth, nacida del ingenio formado en la Facultad de Minas, fue ganadora de la primera cohorte de UVentures que se dio en Plaza Mayor durante el Conexión Summit. De 119 empresas emergentes que acudieron al llamado, solo 30 atravesaron el umbral, 22 resistieron el trayecto, 12 sobrevivieron a la penúltima revisión y apenas tres se midieron en la final. Firth fue la escogida.

 

 

En una mesa de negociación suelen acomodarse hombres de poder: el gerente de una multinacional, un director de operaciones y un experto en comercio exterior. Sobre el escritorio hay contratos y decisiones capaces de mover el destino de cientos de familias. Sin embargo, en la penumbra de esa misma oficina, alguien sigue copiando a mano, renglón por renglón, los números de una factura.

 

No parece una tragedia hasta que los papeles empiezan a acumularse como una marea invencible. Las declaraciones de importación, los certificados de origen... y entonces la letra pequeña cobra una factura devoradora. Fue justamente en esa grieta donde decidió meterse Firth. La startup integrada por Mateo Roldán Isaza y David García Bedoya, egresados de Ingeniería Mecánica, triunfó en la primera cohorte de UVentures que se dio en Plaza Mayor durante el Conexión Summit, evento de EAFIT, Universidad EIA y Fundación Fraternidad.

 

 

Firth se enfoca en transformar la logística internacional mediante el desarrollo de un sistema operativo impulsado por inteligencia artificial para el comercio exterior. Su tecnología automatiza integralmente la revisión documental y garantiza el cumplimiento normativo en los procesos de importación y exportación de mercancías, optimizando los tiempos de operación y reduciendo el margen de error en el intercambio comercial.

 

UVentures es un fondo de inversión y programa de incubación que impulsa emprendimientos y startups creados por estudiantes universitarios, recién graduados, profesores o investigadores.

 

 

Durante las jornadas del Summit, los jóvenes de Firth se sentaron a escuchar las penas de gigantes como Corbeta, Corona, Fabricato, Haceb, Cueros Vélez y Auteco. Firmas que mueven el comercio de un lado al otro del mapa y que, paradójicamente, todavía veían cómo la vida de sus empleados se consumía en el ritual milenario de abrir una hoja, buscar un código, copiarlo con paciencia de artesano y rezar para que un dedo enloquecido no alterara la cifra.

 

Ahí estaba la revelación: los grandes sistemas de software saben acumular datos, pero son incapaces de comprender la vida que habita en un documento. Firth tradujo esa diferencia en su propia declaración de principios: "de digitar a auditar". Mediante algoritmos de Inteligencia Artificial inspirados en las reglas de negocio que se enseñan en las aulas de ingeniería, crearon un ojo invisible capaz de leer, interpretar y descifrar la burocracia en segundos.

 

El tamaño de esa hazaña ya se mide por toneladas de papel: hoy procesan más de 25.000 páginas al mes para entidades de la talla del Metro de Medellín, la Zona Franca de Bogotá e Interlogística.

 

Los integrantes de Firth recibieron USD $100.000 para inversión y comprendieron que el oficio del ingeniero consiste en sentarse al otro lado de la mesa, escuchar donde duele la operación y arrebatarle a las máquinas el trabajo mecánico para devolverle a los hombres el derecho a pensar. 

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