Escudo de la República de Colombia

Los países necesitan energía abundante para crecer, pero también deben reducir sus emisiones y para ello se requiere una mezcla de crecimiento económico a partir de hidrocarburos y, al mismo tiempo, reducción de emisiones de CO2, no una separación de ambas. El profesor Sergio Lopera Castro del departamento de Procesos y Energía aporta su mirada sobre el futuro energético de Colombia.

 

 

Durante los últimos años, la discusión energética mundial ha estado dominada por el concepto de “transición energética”, entendido como el proceso mediante el cual los países reducen progresivamente su dependencia de los combustibles fósiles para avanzar hacia fuentes renovables y tecnologías bajas en emisiones. Sin embargo, esta visión ha empezado a ser cuestionada por quienes consideran que el reto no consiste únicamente en sustituir unas fuentes de energía por otras, sino en garantizar energía suficiente para el crecimiento económico mientras se reducen las emisiones de carbono.

 

El planteamiento parte de una realidad económica y social: los países necesitan energía abundante, confiable y accesible para desarrollarse. Para Lopera, la discusión no debería centrarse en abandonar de manera inmediata los hidrocarburos, sino en diseñar una política que combine seguridad energética, desarrollo económico y sostenibilidad ambiental.

 

Uno de los puntos centrales de su análisis es la controversia alrededor de la explotación de hidrocarburos no convencionales mediante la técnica de fracturamiento hidráulico multietapa, conocida como fracking. El profesor recuerda que este debate ha ocupado un lugar importante en Colombia y señala que “las normas que reglamentan esta técnica de explotación de hidrocarburos no convencionales se encuentran vigentes hoy”, luego de que el Consejo de Estado dejara en firme la regulación en 2022. Para Lopera, esto significa que la discusión debe darse desde criterios técnicos y no solamente políticos.

 

El debate tomó mayor relevancia durante el gobierno de Gustavo Petro, que decidió suspender la posibilidad de desarrollar proyectos piloto de fracking, como Kalle y Platero, argumentando que Colombia debía reducir su dependencia de los combustibles fósiles y avanzar hacia los compromisos climáticos establecidos en el Acuerdo de París. Sin embargo, Lopera Castro cuestiona la premisa de que Colombia sea altamente dependiente económicamente del petróleo y el gas. Según explica, “la economía de Colombia depende solamente entre 5 y 7 por ciento del PIB de los recursos de hidrocarburos”, mientras que la generación eléctrica nacional tiene una participación mayoritaria de fuentes hidráulicas.

 

No obstante, el profesor advierte que esta realidad no elimina la necesidad de contar con combustibles fósiles como respaldo energético. En particular, destaca la importancia del gas natural como soporte del sistema eléctrico colombiano. Desde esta perspectiva aparecen varias contradicciones en la política energética actual. Una de ellas es que Colombia limita la explotación de fracking internamente mientras Ecopetrol participa en este tipo de operaciones en Estados Unidos. Otra es que el país, al reducir sus reservas nacionales de gas, ha tenido que importar este recurso a precios más altos.

 

“Si el país aspira a reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de todos los colombianos, requerimos diseñar una estrategia de expansión energética de baja huella de carbono. Esta propuesta busca combinar el aprovechamiento responsable de los recursos fósiles con el desarrollo de energías renovables y nuevas tecnologías”, sostuvo el investigador, y usó como ejemplo a Noruega, que mantiene una importante producción petrolera, pero que ha logrado altos niveles de bienestar social mediante una administración estratégica de sus recursos.

 

“¿Qué tan sensato es negar la importancia de los hidrocarburos para impulsar mejoras en las condiciones sociales en Colombia? El objetivo no debe ser conservar indefinidamente una economía basada en combustibles fósiles, sino utilizarlos como una herramienta de desarrollo mientras se fortalece una matriz energética más limpia y diversificada”. Insistió. En ese sentido, propone una política de largo plazo, con una visión de aproximadamente 30 años, que incluya petróleo, gas, carbón, hidrógeno, energía solar, eólica, hidráulica, geotermia y biomasa.

 

Esta idea de sostenibilidad se apoya en cuatro pilares: ecosistemas, sociedad, economía y tecnología y Colombia enfrenta un doble desafío: proteger una biodiversidad excepcional y, al mismo tiempo, reducir profundas desigualdades sociales. Desde su perspectiva, el debate energético colombiano, entonces, no debería reducirse a una oposición entre combustibles fósiles y energías renovables. La discusión será sobre la construcción de una política capaz de garantizar energía abundante, económica y ambientalmente responsable. La expansión energética de baja huella de carbono busca precisamente conciliar dos objetivos que con frecuencia se presentan como incompatibles: el crecimiento económico y la reducción de emisiones.

 

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