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Recientemente el Ideam registró 33,8 grados Celsius en algunas estaciones del Valle de Aburrá. El calor extremo que estamos sintiendo los habitantes de Medellín en las últimas semanas se relaciona con condiciones atmosféricas locales causadas por cambios en la humedad y el comportamiento de los vientos; pero el cambio climático también tiene que ver con estos episodios cada vez más intensos.

 

Calor

 

Las altas temperaturas son una señal de alerta sobre transformaciones que están ocurriendo en Colombia y en toda Suramérica. El climatólogo e investigador Germán Poveda Jaramillo, profesor del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, ha advertido que muchos de los fenómenos climáticos actuales tienen una estrecha relación con la destrucción de los ecosistemas estratégicos del país.

 

“La deforestación contribuye al calentamiento global porque deja de almacenar el carbono que de otra manera va hacia la atmósfera, engordando la cobija que está causando el calentamiento global. Este fenómeno causa la pérdida de biodiversidad, que es el último recurso que países como el nuestro tienen para hacer una potencia económica mundial. En la biodiversidad está la base y el futuro de la riqueza de Colombia”, afirmó el autor de la tesis “Retroalimentación dinámica entre el fenómeno el niño-oscilación del sur y la hidrología de Colombia” para el doctorado en Ingeniería- Recursos Hidráulicos.

 

La reducción de lluvias en algunas regiones del país, las temperaturas extremas y la mayor probabilidad de incendios forestales son fenómenos que se relacionan con un clima cada vez más alterado. Para Medellín y Antioquia, el panorama genera preocupación de cara a los próximos meses.

 

Este segundo semestre del año podría traer una sequía marcada a causa de las temperaturas elevadas y de una atmósfera más cálida por efecto del cambio climático, y con este panorama aumentan los riesgos de incendios de cobertura vegetal, reducción de caudales y estrés hídrico.

 

Aunque la relación entre el calor que se siente en Medellín y la tala de bosques en la Amazonía parece lejana, ambos fenómenos están conectados por el ciclo continental del agua y por la regulación climática que ejerce la mayor selva tropical del planeta.

 

Poveda Jaramillo advirtió que la destrucción de la selva está alterando procesos hidrológicos esenciales para toda Suramérica: “La Amazonía más lluviosa es la colombiana. Hay un vínculo muy bonito entre la baja Amazonia y la cordillera de los Andes. El bosque amazónico evapotranspira agua y llueve sobre el mismo bosque. Eso se llama precipitación reciclada. Esa humedad posteriormente es transportada por los vientos hasta el piedemonte andino, donde vuelve a condensarse y genera precipitaciones”.

 

La alteración de este delicado sistema afecta los ciclos de lluvia en Colombia. Menos bosque significa menos vapor de agua, menos precipitación y una mayor vulnerabilidad frente a sequías prolongadas. La situación preocupa por la deforestación que desde hace muchos años se da, incluso en áreas protegidas.

 

“Nuestro sistema económico no es honesto con el medio ambiente ni con los bosques. La mala economía valora los réditos de corto plazo que brinda tumbar un bosque para otras actividades, pero no valora los servicios ecosistémicos, ambientales y de biodiversidad que nos provee la naturaleza”, sintetizó el científico.

 

La importancia de las soluciones basadas en la naturaleza

 

Naturaleza

 

Los seres humanos estamos cambiando las dinámicas del clima y causando la sexta gran extinción masiva de especies, en ese sentido Poveda Jaramillo recomienda la adopción del concepto de biomimética, que es replicar el comportamiento y las sabidurías de la naturaleza que se despliegan en las acciones de la mayoría de los seres vivos no humanos de manera biodegradable y sostenible.

 

Para el académico, incluso el lenguaje debe transformarse. “Yo propongo cambiar el lenguaje. No son recursos naturales, son sistemas de soporte a la vida. Sin ellos no podemos vivir. En un momento en que los ecosistemas comienzan a mostrar señales de agotamiento, tenemos que actuar, no solo por nuestra comodidad, sino porque hacemos parte de un sistema, que es la Tierra y cualquier alteración de esta tiene un efecto mariposa”.

 

Aunque los efectos del cambio climático no pueden revertirse de inmediato, Germán Poveda considera que aún hay acciones que pueden marcar una diferencia: sembrar jardines para polinizadores, conservar espacios verdes… son las decisiones cotidianas las que pueden contribuir a fortalecer la adaptación frente a un clima cada vez más extremo. Al fin y al cabo, pequeñas acciones individuales, replicadas por miles de personas, terminan generando cambios colectivos.

 

Sin embargo, para el investigador, la responsabilidad va más allá de los ciudadanos, es urgente exigir políticas públicas que protejan los bosques, frenen la deforestación y preparen a las ciudades para enfrentar temperaturas más altas, sequías e incendios forestales. Colombia es potencias mundiales en biodiversidad y sus habitantes tenemos la tarea es aprender de la naturaleza en lugar de destruirla. Replicar las soluciones desarrolladas por los ecosistemas durante millones de años de evolución, aparece como una ruta para construir un futuro más sostenible y para proteger los sistemas de soporte a la vida de los que depende la continuidad humana y las configuraciones que en el futuro pueda alcanzar la Tierra.

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