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Uno de los diez trabajos seleccionados en la convocatoria “Historia de mi barrio” de la Alcaldía de Itaguí fue presentado por Hanna Lucieth Bohórquez Alzate, estudiante de la maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la Facultad de Minas. La investigación, que derivará en una crónica de barrio, integra su relación con la escritura, la memoria familiar y su experiencia como ingeniera ambiental en el barrio que habita.   

 
hanna

 

 Creció en Las Acacias, un sector de Itagüí atravesado por la quebrada Doña María. De ese lugar Hanna Lucieth conserva memorias de infancia: la escuela donde cursó la primaria, ubicada diagonal a su casa, el parque del barrio y la calle en la que jugaba con sus primos y aprendía a montar bicicleta. Un entorno cotidiano que, con el paso de los años, terminaría transformándose de manera profunda.

 

Ese cambio llegó con la extensión del sistema Metroplús hacia la zona sur del municipio. La quebrada fue canalizada y el paisaje que la rodeaba cedió paso al cemento, alterando no solo la forma del territorio, sino también las dinámicas del barrio. “Mi familia vendió la propiedad cuando comenzaron las obras viales y cada uno se dispersó: mi abuela compró otra casa con un tío, mi mamá, mi hermano y yo nos fuimos a otro lugar. Cada vez que paso por esa zona, vuelven los recuerdos de la infancia”, dijo Bohórquez Alzate.

 

A partir de esa experiencia, su propuesta buscó conectar la memoria personal con su formación en ingeniería ambiental. En su trabajo de pregrado ya había abordado las cuencas hídricas y la transformación del paisaje urbano, una mirada que ahora vuelve sobre el barrio de su infancia. En su testimonio explica cómo la quebrada Doña María fue canalizada y con ello se perdió el bosque ripario —cercano a los ríos— y cambiaron los espacios barriales y el tejido social, ya que muchas familias se fueron y el barrio quedó reducido a tres cuadras.

 

Desde allí planteó un ejercicio de lectura del territorio apoyado en imágenes satelitales, con el que busca reconstruir los cambios del paisaje a lo largo del tiempo. La historia, explica, puede leerse también como una línea generacional: la de sus abuelos, quienes llegaron al sector en los años sesenta; la de sus padres y tíos; y la suya propia. Tres momentos que, en conjunto, permiten entender cómo se transformaron el barrio y la quebrada que lo atraviesa.

 

Su proyecto fue seleccionado entre diez propuestas y hará parte del libro Historias de mi barrio, publicado por la Alcaldía de Itagüí. La iniciativa, que comenzó en 2021, contempla un apoyo económico para su desarrollo. La entrega está prevista para junio e incluirá una socialización. El resultado será una crónica de aproximadamente veinticinco páginas.

 

“Este certamen me motivó a narrar historias de mi infancia, de mi familia y del barrio, pero también a integrar temas de mi formación académica. Las vías y las urbanizaciones son necesarias, pero es fundamental cuestionar cómo nos relacionamos con el entorno. No se trata de poner árboles decorativos a lo largo de las vías, sino de transformar el paradigma de la ingeniería hacia un enfoque de sistemas socioecológicos”, afirmó Bohórquez Alzate.

 

En paralelo, la investigación avanza entre archivos históricos del municipio y conversaciones con habitantes que han permanecido en el barrio y que fueron testigos del proceso de transformación.

 

Doña Maria

 

“La quebrada Doña María nace en San Antonio de Prado, atraviesa todo el municipio de Itagüí y desemboca en el río Medellín. En el sector de Ayurá, recuerdo que en mi infancia era una quebrada con crecientes altas que muchas veces se desbordaba, inundaba algunas casas o incluso ocupaba parte de la calle. Era muy biodiversa, por lo que resulta impactante verla ahora canalizada, con una dinámica completamente diferente”, narró Bohórquez Alzate.

 

Esa transformación abre también preguntas sobre la gestión del riesgo en el territorio, especialmente en un corredor donde está proyectado el paso del Metroplús.

 

“Tuve acceso al informe del Plan de Manejo Ambiental de Metroplús a través de una veeduría. Allí se evidencia la reubicación de fauna —iguanas, búhos, tortugas, zarigüeyas, entre otros— hacia el Pico Manzanillo, que es una zona verde de Itagüí. Sin embargo, se pierde la interacción entre la fauna silvestre y el cauce natural, lo que lleva a cuestionar los modelos de planificación y ordenamiento ambiental en el área metropolitana: si se seguirá apostando por estructuras grises o si se avanzará hacia una estructura verde-azul”, dijo Bohórquez Alzate.

 

Del marco teórico a la ejecución

 

“Lo importante es llevar lo académico a lo práctico, desde una mirada socioecológica del mundo”, dijo Bohórquez Alzate. La escritura, en su caso es una forma de entender el mundo. En la actualidad hace parte de un taller de literatura en Itagüí y desde hace ocho años escribe poesía. Llegó a la ingeniería por un camino que no fue del todo lineal, marcado más por el interés en las ciencias sociales y la escritura que por la técnica en sentido estricto.

 

Su trabajo de grado se centró en los humedales de Itagüí, y actualmente se presenta a un doctorado en ciencias humanas y sociales. En ese recorrido reconoce influencias diversas. Nombra a Edwin Barbarán como una inspiración en el activismo ambiental, así como a las profesoras Clara Villegas y Aura Ruiz, y al profesor Carlos Zárate, como sus mentores. En ese espacio académico, dice, se ha acercado a una lectura del territorio atravesada por desigualdades y proyectos de desarrollo que no siempre se construyen de manera concertada.

 

En junio entregará la propuesta textual y las infografías de esta historia de su barrio. Desde ya auguramos su éxito.

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