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La evolución tecnológica, los cambios en las dinámicas laborales y las exigencias ambientales proyectan un escenario donde los desplazamientos aumentan bajo otras lógicas. Nuevos modos de transporte aumentan en Medellín y las transformaciones que reconfiguran los modos de transitar y moverse en las urbes.

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Cada vez son más los usuarios de motos y patinetas eléctricas en el Valle de Aburrá. Por nuestras calles ruedan más de un millón cien mil motocicletas y en Colombia se superarán los 14 millones de motocicletas en 2026, según cifras del Registro Único Nacional de Tránsito en Colombia —RUNT—. Se trata de la expansión de la movilidad, la cual no siempre avanza hacia la movilidad sostenible deseada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible —ODS— sino que está más bien guiada por las voluntades y preferencias individuales de quienes quieren evitar congestiones y contratiempos, pero no siempre logran alinearse con evitar los efectos adversos en la salud y la calidad de vida.

 

Por su parte, el profesor Iván Sarmiento Ordosgoitia, del Departamento de Ingeniería Civil, director del Grupo de Vías y Transporte —VITRA—, y director del Centro de Desarrollo e Innovación de la Facultad de Minas, pronosticó que este crecimiento de la movilidad en motos no será permanente: “El uso de la moto en Colombia, especialmente en Medellín, va a empezar a decrecer, cuando el nivel de ingreso de las personas aumente. Las motos se concentrarán en usos específicos como distribución de paquetería o domicilios, actividades que incluso podrían migrar hacia vehículos livianos tipo van. A esto se suma un factor regulatorio: el costo de los seguros asociados a la accidentalidad podría modificar su participación en el mercado”, afirmó.

 

En todo esto tienen que ver las tipologías de vehículos que ocupan un espacio intermedio entre la bicicleta y la motocicleta: patinetas eléctricas, bicicletas asistidas y otros dispositivos motorizados circulan en un marco normativo que, según el profesor, aún presenta vacíos. Aunque existen límites de velocidad y potencia establecidos, el mercado no siempre se ajusta a estas condiciones, lo que genera tensiones en el uso de la infraestructura, en particular en las ciclorrutas. Este escenario anticipa procesos de regulación y selección tecnológica, en los que algunos de estos modos desaparecerán mientras otros se consolidan.

 

La bicicleta también forma parte de esta transformación. Su diseño, prácticamente estable durante más de un siglo, empieza a modificarse con la incorporación de asistencia eléctrica. La aparición de sistemas de bicicletas públicas refuerza su presencia como alternativa urbana, aunque bajo nuevas configuraciones. En ese mismo conjunto emergen vehículos autónomos, sistemas conectados y prototipos de movilidad aérea para personas y paquetes, como los drones.

 

“La gente deberá también tener un contador de CO2, un contador de energía quemada, porque el planeta le va a exigir a cada persona que consuma cada vez menos o si no va a ser penalizado de alguna manera. La afirmación introduce un elemento adicional en la discusión: la medición individual del impacto ambiental como posible mecanismo de regulación del comportamiento en movilidad”, destacó Sarmiento Ordogoitia.

 

Y es que los sistemas de transporte han cambiado de función a lo largo del tiempo: los barcos que conectan continentes fueron desplazados por el avión en el transporte de pasajeros y se reorientaron hacia el turismo como lo hacen los cruceros actuales. Los ferrocarriles, que dominaron el siglo XIX, evolucionaron hacia trenes de alta velocidad para pasajeros y mantuvieron su papel en el transporte de carga. Los metros, surgidos a comienzos del siglo XX en ciudades como Nueva York y Londres, se han automatizado y operan sin conductor en varias redes contemporáneas.

 

Otros modos han desaparecido del entorno urbano, pero no en el rural: el transporte de tracción animal, prohibido en ciudades colombianas, persiste en contextos rurales de distintas regiones del mundo. Esta lógica de sustitución y adaptación se mantiene en los sistemas actuales. El taxi, por ejemplo, avanza hacia modelos autónomos, con experiencias de prueba en ciudades de Estados Unidos.

 

En ese mismo horizonte aparece la posibilidad de vehículos aéreos de uso individual. Aunque los prototipos existentes son costosos, el antecedente del helicóptero en trayectos urbanos y metropolitanos muestra que este tipo de desplazamientos ya ha sido implementado en contextos específicos.

 

Pero el experto advirtió que la transformación no depende únicamente de la tecnología, sino de las dinámicas sociales: el teletrabajo modifica los patrones de desplazamiento, mientras que la reducción de la jornada laboral abre espacio para nuevos viajes asociados al ocio y a otras actividades. En el Valle de Aburrá se registran actualmente cerca de dos viajes diarios por habitante, una cifra inferior a la de ciudades europeas, donde se alcanzan cuatro desplazamientos por persona al día.

 

“Nosotros vamos a movernos cada vez más, pero nos vamos a mover diferente, porque la gente no quiere pasar una hora más en un trancón. El vehículo particular enfrentará límites asociados al espacio urbano y el crecimiento del parque automotor tensionará la capacidad de las ciudades”, opinó el investigador. Frente a ello, se proyectan modelos de uso compartido y esquemas de suscripción, en los que los usuarios acceden a vehículos autónomos sin necesidad de ser sus propietarios. Taxis y automóviles convergerían en esta lógica.

 

Los buses, por su parte, mantendrán su vigencia debido a su capacidad para transportar grandes volúmenes de pasajeros en corredores de alta demanda. Sin embargo, también incorporarán las tendencias tecnológicas: electrificación, autonomía y conectividad, junto con una mayor especialización de carriles.

 

“Los sistemas están tendiendo todos a ser eléctricos, autónomos y conectados. En esa dirección, la movilidad se configura como un sistema en transformación continua, donde la tecnología, el ambiente y las prácticas sociales redefinen la forma en que las personas se desplazan en la ciudad y más allá de ella”, concluyó Sarmiento Ordosgoitia.

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