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Cada año se pierden cerca de 9,7 millones de toneladas de alimentos en Colombia, según la FAO. Frente a esta problemática, estudiantes de diferentes programas de ingeniería de la Facultad de Minas participan en una alianza entre Bienestar Universitario y la empresa Eat Cloud, que permite rescatar alimentos de supermercados y restaurantes para apoyar a estudiantes con necesidades de alimentación.

EatCloud V2

De acuerdo con la Food and Agriculture Organization —FAO—, alrededor de 633 millones de personas padecen hambre crónica en el mundo y cerca de 2.300 millones viven con inseguridad alimentaria moderada o grave. Este panorama también se refleja en el Índice Global del Hambre, que registra una puntuación de 18,3, indicador de un nivel de hambre moderado y de un estancamiento en el camino hacia la meta de erradicarla antes de 2030.

 

Además, los datos nacionales muestran una realidad compleja: el 25,5 % de los hogares colombianos enfrenta inseguridad alimentaria moderada o grave, lo que equivale a 14,4 millones de personas. En los casos más críticos, el 5 % de los hogares vive en inseguridad alimentaria grave, con cerca de 2,7 millones de personas que reducen drásticamente su ingesta o pasan días sin comer.

 

En medio de este panorama, una iniciativa nacida en la academia intenta convertir el desperdicio en oportunidad. En la Facultad de Minas de la Universidad Nacional, un grupo de estudiantes participa en un programa piloto que rescata alimentos próximos a vencerse en supermercados y restaurantes para destinarlos a quienes más los necesitan. La estrategia surgió a partir de una alianza entre Bienestar Universitario y la empresa tecnológica de rescate alimentario Eat Cloud.

 

"Esta es una manera de apostarle al objetivo sostenible de eliminación del hambre, que el hambre existe y la tenemos en la Facultad, y de la misma manera, trabajamos en la reducción de emisiones y basuras, que debe ser una bandera de nuestra de nuestra Universidad. Creo que podemos conectar cada vez a más estudiantes, no sólo de la Facultad, sino de la Universidad, que viven situaciones de vulnerabilidad alimentaria", declaró la decana Eva Cristina Manotas Rodríguez, quien celebró el convenio administrativo que se tiene con Eat Cloud. 

 

La Decana insistió en que la Facultad cuenta con investigadores, científicos, estudiantes, profesores, que pueden aportar, cada vez más, en la agenda de la sostenibilidad, que nos destaca como campus sostenible y sustentable. 

 

“Fueron 20 estudiantes seleccionados de diferentes programas de la Facultad. Uno de los primeros requisitos era que no tuvieran un beneficio previo y que estuvieran identificados como personas que requerían algún tipo de apoyo socioeconómico, particularmente en alimentación”, explicó Elizabeth Carvajal Flórez, líder de Bienestar de la Facultad de Minas.

 

El proyecto comenzó a gestarse el año pasado, cuando el profesor Camilo Suárez inició conversaciones con Eat Cloud, empresa fundada por Juan David Correa Toro, egresado honorario de la Facultad de Minas y CEO de la compañía. Para el equipo de Bienestar institucional, la propuesta aborda un punto sensible dentro de la vida universitaria: la alimentación de los estudiantes con mayores dificultades económicas.

 

“Muchos alimentos que aún son seguros para el consumo son descartados por supermercados o restaurantes porque se acercan a su fecha de vencimiento o porque las normas de inocuidad obligan a retirarlos de la venta. La plataforma Eat Cloud conecta esos excedentes con organizaciones o beneficiarios que pueden recogerlos y utilizarlos antes de que se desperdicien”, explicó Juan David Correa Toro, CEO de Eat Cloud.

 

Se diseñó entonces un piloto con criterios logísticos precisos: incluir estudiantes de barrios de Medellín donde existiera una alta concentración de establecimientos aliados, como Aranjuez, San Javier, Belén, La América y Robledo. Mediante una aplicación móvil, los estudiantes pueden ubicar en tiempo real los puntos donde hay alimentos disponibles para rescatar.

 

Antes de iniciar el programa, los participantes recibieron capacitación e inducción sobre el uso de la plataforma y los protocolos de manejo de alimentos. La iniciativa también se articuló con Prodeminas, que actúa como figura jurídica para gestionar las donaciones. En cuestión de días, los estudiantes lograron recuperar cerca de 784 kilogramos de alimentos, cifra que evidencia el potencial de este tipo de iniciativas para reducir el desperdicio y mejorar las condiciones de vida de quienes participan.

 

Más allá de las cifras, la experiencia de los estudiantes permite entender cómo funciona el programa en la práctica. “Uno escoge el sitio que más le convenga, registra los datos y programa la hora. Al llegar, toca ubicar el área de recibo y despacho de proveedores, entregar el código de verificación y recibir los productos. Ya en casa, se revisa que todo esté en buen estado y se califica el servicio. Lo que más me sorprendió fue la cantidad de alimentos que se rescatan y que están en perfecto estado. Es impresionante ver cómo algo que se iba a desperdiciar termina siendo de gran ayuda para nosotros los estudiantes”, describió Jean-Paul Sosa Pineda, estudiante de Ingeniería de Petróleos de la Facultad de Minas y participante activo del piloto.

 

Al mismo tiempo, advierte sobre los desafíos logísticos que enfrenta la iniciativa en su fase piloto: “Si se quiere llegar a más estudiantes y universidades, hay que garantizar que la logística, la comunicación y la disponibilidad de los productos estén bien organizadas. El programa de rescate de alimentos es una iniciativa muy valiosa: ayuda a reducir el desperdicio y a apoyar a quienes lo necesitan. Aunque tiene algunos retos logísticos, mi experiencia demuestra que, con compromiso y organización, se puede lograr un impacto positivo y debería seguir fortaleciéndose”, recomendó Sosa Pineda.

 

En la Facultad de Minas, el programa también tiene un componente humano difícil de cuantificar en estadísticas. La base de datos de Bienestar incluye caracterizaciones socioeconómicas de los estudiantes, construidas a partir de consultas psicosociales, solicitudes de apoyo y procesos de reubicación socioeconómica. Allí aparecen historias de jóvenes que, pese a profundas dificultades económicas, continúan sus estudios con determinación.

 

“En este cargo uno se encuentra con historias de vida complejas. Aun así, muchos estudiantes siguen luchando para cumplir sus sueños y terminar su carrera. Este tipo de programas tiene un impacto muy alto porque garantiza mejores condiciones para que puedan continuar con su desempeño académico”, narró Carvajal Flórez.

 

Más allá de las cifras, el experimento revela que, en medio de un problema global de desperdicio y hambre, pequeñas redes de colaboración —entre universidades y empresas— pueden abrir caminos inesperados para transformar la forma en que circulan los alimentos.

 

Eat Cloud, orgullo de la Facultad de Minas

 

Entre los reconocimientos obtenidos por Eat Cloud destaca el Premio Internacional de Dubái a las Mejores Prácticas para el Desarrollo Sostenible, otorgado en la categoría de sistemas sostenibles de alimentación urbana.

 

El galardón se entregó durante la World Governments Summit 2024, organizada en alianza con ONU-Hábitat y el Gobierno de Dubái. Este premio reconoce iniciativas que promueven el desarrollo urbano sostenible, como la regeneración urbana, la creación de espacios públicos, los sistemas alimentarios urbanos sostenibles, la planificación de infraestructuras, la reducción de la contaminación y las estrategias frente al cambio climático.

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