El diapirismo —ascenso de materiales arcillosos, gases y sedimentos desde la profundidad— fue el fenómeno registrado recientemente en San Juan de Urabá, no una erupción volcánica clásica. Estudiar estos volcanes de lodo y sus dinámicas debe ser una prioridad en Colombia para generar alertas tempranas y fortalecer la gestión del riesgo.

La imagen del magma incandescente que viene a la mente cuando se habla de erupciones volcánicas es completamente diferente a las dinámicas geológicas que la semana pasada se registraron en San Juan de Urabá.
“Este fenómeno no es el fenómeno típico y clásico de que haya una cámara magmática al interior que empieza a buscar salida del magma; no nos estamos refiriendo a este tipo de volcanes clásicos que tenemos en el sur del país como el Ruiz o el Galeras. A diferencia del vulcanismo magmático, el diapirismo, fenómeno que se dio en el volcán de lodo de Urabá, no implica la existencia de una cámara de magma”, explicó Albeiro Rendón Rivera, profesor del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín.
En términos geológicos, el diapirismo consiste en el ascenso de materiales arcillosos y limosos que se encuentran a gran profundidad y bajo altas presiones. Esas capas, al estar sobrepresionadas, buscan una vía de escape hacia la superficie. En él intervienen varios factores: la profundidad a la que se ubican los sedimentos, los efectos tectónicos —en una región donde la placa Caribe se introduce por debajo del continente, generando compresión— y el gradiente geotérmico, que eleva la temperatura a medida que aumenta la profundidad.
“Al tener abajo unas capas plásticas de limos y arcillas, ellas sobrepresionadas empiezan a buscar salida. Estos materiales suelen estar asociados a gases como el metano. Cuando alcanzan la superficie, la liberación súbita de presión puede producir incendios, ruidos y la expulsión del gas inflamado, fenómenos que suelen interpretarse erróneamente como una erupción volcánica tradicional”, detalló el investigador.
La región de Urabá y buena parte de la costa Caribe colombiana reúnen condiciones geológicas que favorecen estos procesos. Por eso, el profesor insiste en la urgencia de estudiarlo con mayor detalle para generar alertas tempranas y poder prevenir accidentes y muertes que se puedan presentar por estos fenómenos.
“Debemos conocer con más detalle la manera como funcionan estos fenómenos de diapirismo en la región de Urabá y a lo largo de la costa Atlántica con el fin de establecer alertas tempranas y, sobre todo, incorporar estos elementos en el ordenamiento territorial de todos estos municipios, lo cual implica revisar la ubicación de viviendas cercanas a las zonas de influencia y planificar el desarrollo urbano con base en el conocimiento geológico”, advirtió Rendón Rivera.
Aunque compartan región, no todos los volcanes de lodo se comportan igual. Cada uno responde a condiciones locales específicas: tipo de sedimentos, presión interna, presencia de gases y estructuras tectónicas. No se puede asumir que lo ocurrido en San Juan de Urabá se repetirá de la misma forma en otros municipios cercanos. Cada manifestación de diapirismo es única y debe analizarse como tal.
La geología activa y diversa de Colombia exige comprender procesos como el diapirismo, ya que este conocimiento no solo previene interpretaciones erróneas sobre el comportamiento del subsuelo, sino que también resulta fundamental para la planificación territorial y la protección de las comunidades que habitan en zonas donde la dinámica de la Tierra es constante.
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