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Beatriz Elena Henao Patiño, adscrita al Departamento de Ingeniería de la Organización será una maestra difícil de olvidar, luego de 26 años, finaliza su etapa, como docente en la Universidad Nacional de Colombia y disfrutará de su jubilación.

 

 

 

Mientras su abuela tocaba el piano en las aulas de iniciación musical de Bellas Artes, Beatriz Elena apoyaba ocasionalmente las clases dictando el solfeo y corrigiendo ritmos y, sin notarlo todavía, heredaba una tradición. Ese instante permanece intacto en su memoria como un recuerdo imborrable; para ella, la docencia no fue una casualidad, sino una vocación sembrada desde su juventud.

 

Y es que, con el paso de los años, aquella inclinación se fue fortaleciendo, en la secundaria se destacó de manera constante entre los primeros lugares de su curso, no solo por su rendimiento académico, sino por la naturalidad con la que afrontaba materias como matemáticas, física y biología. En los últimos años del bachillerato, esa facilidad para enseñar comenzó a adquirir otra dimensión: explicaba los contenidos a sus compañeros, a veces por iniciativa propia y otras por solicitud directa de sus docentes, quienes parecían reconocer en ella una habilidad innata para transmitir el conocimiento.

 

Poco a poco su amor por la enseñanza fue creciendo, ingresó al programa de Ingeniería Industrial de la Facultad de Minas de la UNAL Medellín, y se repetía la misma escena, en aulas universitarias, Beatriz Elena se detenía a explicar conceptos y resolver dudas, confirmando que su relación con el saber no se limitaba al aprendizaje individual, sino que se expandía de manera natural hacia la enseñanza.

 

En la Facultad de Minas ha construido una trayectoria de más de 22 años. Allí ha dictado cursos como ´Ergonomía, Higiene y Seguridad Industrial´; ´Introducción a la Ingeniería Industrial´; ´Teoría de la Gestión´; ´Investigación de Mercados´, y ´Teoría Administrativa y Organizacional´. Durante muchos años, además, fue asesora de estudiantes en sus trabajos de grado, prácticas empresariales y prácticas académicas especiales, acompañando de cerca sus procesos de formación.

 

Su experiencia docente se extendió también a instituciones como el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, la Universidad Autónoma Latinoamericana y la Universidad de Medellín. Sin embargo, más allá de las aulas, Beatriz Elena tuvo siempre una prioridad clara: sus hijos. Ser mamá fue su mayor anhelo, y desde muy temprano se prometió estar presente en su formación, apoyo y cuidado. Con orgullo y esfuerzo, asumió ese compromiso y lo convirtió en una de las convicciones más firmes de su vida.

 

“Ser mamá y docente ha sido una de las experiencias que más orgullo y satisfacción me ha dado. Alternar el trabajo con la maternidad nunca fue fácil, muchas veces estuve sola, sin apoyo, y me tocó asumir todos los roles al mismo tiempo. Dicté clases con mis hijos a mi lado, trasnoché preparando lecciones y leyendo trabajos, corrí cada día entre el aula, la casa y la crianza. Hubo cansancio, renuncias y silencios, pero también la convicción profunda de estar presente en su formación, de acompañarlos en lo académico y en lo cotidiano. Al final del día, cuando ellos dormían, yo volvía a trabajar, convencida de que ese esfuerzo valía la pena”, expresó la docente.

 

Apasionada por su familia y por la labor que desempeña, se define como una mujer perseverante, tranquila y confiada en que todo puede resolverse. A lo largo de su vida nunca se ha sentido vencida ni deprimida, pues enfrentar los retos con fortaleza y honestidad ha sido parte esencial de su carácter. Amorosa, generosa y servicial, guía su actuar desde el respeto, sin aprovecharse de los demás y con la convicción de que siempre vale la pena seguir adelante.

 

En su rol como docente ha encontrado una de las mayores alegrías de su vida, ver a sus estudiantes avanzar, cumplir metas, ejercer su profesión y crecer como personas. Más que alumnos, siempre los vio como hijos que necesitaban orientación, apoyo y alguien que creyera en ellos. Desde el aula, les recordó constantemente que podían lograr todo lo que se propusieran, que muchas veces somos nosotros mismos quienes nos limitamos y que nunca deben permitir que alguien les diga que no pueden.

 

Colegas como Daimer Higuita López, profesor del Departamento de Ingeniería de la Organización, expresan que Beatriz Elena es una mujer que tiene un profundo respeto por la diferencia y un alto compromiso con los procesos que desarrolla, además cuenta con una gran empatía que despierta también entre sus estudiantes, lo cual le permite ejercer una labor de mentoría hacia ellos, y la describen como una persona entregada, responsable y diligente.

 

Eva Cristina Manotas Rodríguez, decana de la Facultad de Minas, colega en el Departamento de Ingeniería de la Organización y exalumna suya, resaltó la empatía de la profesora, su permanente disposición para apoyar a toda la comunidad universitaria y su constante búsqueda de estrategias de aprendizaje orientadas a fortalecer su labor docente, todo ello acompañado de una notable calidez humana y profesional.

 

Ana Sofía Correa Cardona, estudiante de Ingeniería Industrial, afirmó que la docente se distinguió por ser una maestra excepcional y por su profunda calidad humana. Señaló que su cercanía, empatía y forma de enseñar desde la experiencia la convirtieron en una figura inolvidable para todas las generaciones que pasaron por su aula. “Más que transmitir conocimientos, formó personas y profesionales íntegros, con vocación y compromiso, dejando una huella imborrable en cada uno de nosotros”, expresó.

 

 

Jaime Alberto Restrepo Saavedra, egresado del programa de Ingeniería Industrial, destacó que el bloque M8 fue mucho más que un espacio académico. “No fue solo un lugar de clase: fue un espacio donde aprendimos ingeniería, sí, pero también responsabilidad, criterio, disciplina y amor por lo que hacemos. Sin duda, la exigencia y el acompañamiento de la profesora marcaron profundamente mi formación en la Facultad de Minas y mi manera de entender la ingeniería”, afirmó.

 

Restrepo Saavedra señaló que cada clase representaba una oportunidad de crecimiento y reflexión. “Nos enseñó a pensar, a no conformarnos con lo fácil, a hacer las cosas bien hechas y con sentido”, expresó, destacando que esas enseñanzas trascendieron los contenidos académicos y los exámenes para convertirse en lecciones de vida. Al referirse a la jubilación de la docente, aseguró que su legado permanece vivo en sus estudiantes: “Hoy se jubila, pero deja sembradas en cientos de estudiantes semillas que seguirán dando fruto por muchos años”.

 

Beatriz Elena aspira a ser recordada como una profesora que amaba lo que hacía y que se sentía orgullosa de lo lejos que llegaron sus estudiantes. Más allá de los conocimientos transmitidos, su mayor deseo fue impactar sus vidas inspirándolos a ser mejores personas, a amar lo que hacen, a luchar por sus sueños y a retribuir a la sociedad. En sus clases no hubo angustia, sino tranquilidad, alegría, cercanía y confianza, valores que marcaron su forma de enseñar y de acompañar.

 

En esta nueva etapa de su vida, su mayor propósito será disfrutar y ser feliz. “Me hace feliz estar con mis hijos, cuidarlos, conversar y compartir el tiempo con ellos. Disfruto la naturaleza, caminar por el campo, respirar aire puro y contemplar los paisajes; allí encuentro calma. Me gusta la gente, conversar, ayudar y acompañar, algo que aprendí desde niña cuidando a mi familia y que aún hoy sigue siendo parte de mí. Cocinar, leer, bordar, escuchar música, cantar o bailar son formas cotidianas de celebrar lo simple”.

 

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