Escudo de la República de Colombia

Fanny Zamarra Patiño finaliza, luego de 44 años, su etapa como funcionaria en la Universidad Nacional de Colombia, para disfrutar su jubilación.

 

 

Fanny nunca ha dejado de soñar. En su juventud, se asomaba a través de la ventana de su casa en el barrio Córdoba (comuna 7 de Medellín), para ver pasar los buses verdes con letras blancas de la UNAL que descendían por la carrera 80 y que, sin que ella lo supiera entonces, eran símbolo de los nuevos rumbos de su vida.

 

Su sueño se transformó en vocación. Desde el 13 de octubre de 1981, Fanny ha hecho de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, no solo su lugar de trabajo, sino su hogar. Mateo Avendaño Acosta, egresado de Ingeniería Mecánica, cuenta que ella no entiende su labor sin los estudiantes, que los acompaña, los escucha y los sostiene incluso cuando las dificultades superan lo académico y tocan lo humano, lo psicológico y hasta lo económico. “Para muchos estudiantes, es mucho más que una funcionaria; es un refugio. Los quiere como si fueran sus propios hijos”.

 

Hoy, cuando muchos pensarían que planea cerrar ciclos tras su jubilación, Fanny vuelve a soñar. Al culminar su labor como secretaria del departamento de Ingeniería Mecánica, decide enfocarse en otro aspecto de su vida para abrir un nuevo capítulo: desde hace cuatro años estudia Derecho, impulsada por el mismo anhelo que la acompañó desde niña: el de servir, comprender y defender.

 

“Desde siempre he sentido una profunda vocación por ayudar a las personas, promoviendo oportunidades y perspectivas más justas. La profesión de Derecho me permite crear, aplicar e interpretar normas, al mismo tiempo que puedo contribuir al bienestar colectivo y fomentar la equidad con compromiso ético. Mi vida ha estado orientada a construir una sociedad más justa, y estudiar Derecho ha sido una pasión que persiste desde la infancia, reflejando mi deseo de poner el conocimiento al servicio de la justicia”, manifestó Zamarra Patiño.

 

A sus 70 años, este proyecto no representa una meta tardía, sino la consolidación de una trayectoria marcada por la experiencia, la constancia y la resiliencia. “Nunca es tarde para estudiar y reinventarse profesionalmente; hacerlo es un acto de dignidad y amor por el conocimiento. Espero inspirar a las nuevas generaciones a entender que la educación transforma vidas y que el verdadero valor del Derecho radica en servir a la sociedad, guiado por principios de justicia y ética”, puntualizó. 

 

 

Historia en la Universidad

 

Su trayectoria en la UNAL inició como secretaria en la Decanatura de Arquitectura; y posteriormente trabajó en la Dirección de Bibliotecas, el servicio médico estudiantil, la Sección de Publicaciones, Registro y Matrícula, Asistencia Administrativa y el Departamento de Procesos de Manufactura.

 

Zamarra Patiño afirmó que “el trabajo en la Universidad Nacional de Colombia ha representado una experiencia profundamente enriquecedora, tanto en el ámbito personal como en el profesional. A lo largo de este camino, he logrado construir un sólido proyecto de vida, marcado por múltiples oportunidades que me han permitido crecer de manera constante y contar con un respaldo permanente por parte de la Institución”.

 

Agregó que, el ejercicio cotidiano de sus labores ha fortalecido en ella valores fundamentales como el compromiso, la exigencia y la responsabilidad, principios que han impactado de forma positiva su experiencia profesional. La UNAL se ha convertido en un pilar esencial desde el cual ha podido edificar estabilidad, brindar bienestar a su familia y proyectar a sus seres queridos hacia un futuro profesional. Todo este recorrido, señala, ha sido posible gracias al apoyo y acompañamiento constante, pero especialmente al sentimiento de valoración y reconocimiento que ha experimentado dentro de la Institución, reafirmando su compromiso y sentido de pertenencia con la universidad pública.

 

Hoy, al despedirse de la Universidad Nacional de Colombia, expresa sentimientos de profundo agradecimiento, orgullo y reconocimiento. No solo por las herramientas que la Institución le brindó para su crecimiento personal, sino también por haberle abierto las puertas para proyectar su futuro. Le falta un semestre para recibir su título de abogada y asumir el compromiso de retribuir, desde su ejercicio profesional, parte de todo lo que recibió a lo largo de su formación y trayectoria.

 

Su legado: una vida dedicada a servir

 

Durante décadas, Fanny ha sido el corazón silencioso del Área Curricular de Ingeniería Mecánica. Ha cuidado, día a día, del espacio físico del núcleo del Río y, sobre todo, ha acompañado la formación de miles de egresados.

 

El profesor Juan Felipe Santa Marín, director del Área Curricular de Ingeniería Mecánica, lo resume así: “Fanny ha sido el motor silencioso que mantiene todo en marcha. Nos ha mostrado que la formación integral, además de la técnica, es clave para hacer buena ingeniería”. 

 

Su labor fue mucho más allá del aula. Fanny facilitó la conexión de los egresados con las empresas y enseñó que las instituciones sin las personas, no existen: “Su capacidad de crear lazos ha permitido que muchos egresados tengan una vida digna por medio del trabajo”, dice Santa Marín.

 

El docente Alejandro Restrepo Martínez, expresó que Fanny se ha convertido en un verdadero motor emocional tanto para estudiantes como para docentes, ya que impulsa la unidad del equipo de trabajo y fortalece la cohesión dentro de la comunidad universitaria.

 

La profesora Diana López destacó que Fanny es una mujer cuidadora y siempre atenta a las necesidades de profesores y estudiantes. “Es proactiva, siempre busca soluciones y actúa en clave de suma, buscando que todos ganen”, aseguró.

 

Por su parte, el profesor Juan Fernando Ramírez resaltó su alto sentido de pertenencia y su dedicación constante: “Admiro su trabajo continuo, su deseo de superación, su entereza, interés y perseverancia para seguir estudiando, es muy cercana a sus estudiantes, se preocupa por su bienestar y hace que todo fluya en el entorno académico”.

 

Ramírez también destacó la integridad de Fanny como persona: “Es respetuosa, seria y siempre con un trato amable y respetuoso, su vocación como secretaria se refleja en la manera en que organiza, acompaña y facilita el trabajo de quienes la rodean”.

 

María Eugenia Muñoz, profesora del departamento, manifestó que se caracteriza por su profunda vocación humana, ya que considera a sus estudiantes como si fueran sus propios hijos y los acompaña más allá del aula, incluso ayudándolos a sortear dificultades económicas, lo que la convierte en una figura clave dentro de la comunidad educativa.

 

El profesor Wilfredo Montealegre Rubio, director del Departamento de Ingeniería Mecánica, conoce a Fanny desde el año 2010. Con nostalgia, recordó su manera particular de ser, su dedicación incansable y su genuina preocupación por el bienestar de los estudiantes. "Incluso muchos de ellos acudían a ella en busca de consejos, oportunidades laborales en la universidad, pasantías industriales e incluso orientación vocacional".

 

Es notable el número de estudiantes que deben la culminación de sus estudios a los valiosos consejos que les brindó, o a las gestiones que realizó en temas de adiciones, registro y matrícula. "Lo que me impresionó hace más de 15 años, y que sigue siendo una constante en el día a día de su trabajo son el un conjunto de acciones que, aunque fundamentales, no aparecen en ningún manual de funciones".

 

El profesor finalizó con una frase que resume a la perfección una parte de este homenaje, y es que, como bien expresa André Comte-Sponville: "Lo único que la gratitud tiene para dar es el placer de haberla recibido…"

 

Hoy, el departamento de Ingeniería Mecánica celebra su legado. Le desean salud, alegría y nuevos aprendizajes en esta nueva etapa. Su esfuerzo y dedicación han dejado una huella imborrable, y las puertas siempre estarán abiertas para ella.

 

Nueva etapa de vida

 

Para Fanny, esta etapa de la vida representa un período de equilibrio y la continuidad de un proyecto aún en construcción. La jubilación, lejos de significar inactividad, se concibe como una oportunidad para redefinir el tiempo, disfrutar de autonomía y enfocarlo en culminar su carrera profesional. Su objetivo es combinar experiencia, sensibilidad social y conocimiento jurídico para generar un impacto positivo en la sociedad, especialmente en la reinserción de jóvenes infractores a través de la educación y proyectos de transformación social.

 

Planea impulsar programas que formen a los jóvenes en educación jurídica básica, acompañamiento en la construcción de proyectos de vida, escuelas de segundas oportunidades y tutorías socioeducativas, entre otras iniciativas. De esta manera, busca poner el Derecho al servicio de la dignidad humana, demostrando que la sanción puede ir de la mano con la educación y que la reinserción social es posible, brindando oportunidades reales de desarrollo personal y profesional.

 

A Fanny le deseamos buen viento y buena mar en este nuevo ciclo de su vida.

 

Por: Anderson Montoya Román

 

 

 

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