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El objetivo principal del estudio realizado por la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín era mediante modelos estimar la demanda de nuevos usuarios para la nueva línea “línea F” del metro de Medellín.

 

Según el profesor, Iván Sarmiento Ordosgoitia, adscrito al Departamento de Ingeniería Civil de la U.N. Sede Medellín, y quien lideró el estudio, esta línea F tendría tres estaciones nuevas: una en la Secretaría de Movilidad, otra en la U.N. Sede Medellín y otra en Macarena, y su función principal sería descongestionar la Línea A, Niquía–Estrella, en su tramo central de siete estaciones.

 

El estudio encontró entonces que exactamente 58.300 serían los nuevos usuarios de la Línea F del Metro de Medellín, y de los actuales serían unos 400.000 mil los que se pasarían a la Línea F. Igualmente 42.000 usuarios les daría igual o les serviría tanto la Línea F como la Línea A.

 

De esos 58.300 usuarios el 72 % provienen de las personas que utilizan bus, 16 % de taxi y 10 % de automóvil. Para el estudio se conoció la percepción de  1.740 personas de 13 instituciones por ejemplo: Suramericana y Protección, Camacol, Coca Cola, Universidad Nacional, Sena, Biblioteca Pública Piloto, Carlos E, Minorista, Colanta, Argos, Fiscalía, Secretaría de Movilidad, Conquistadores, Universidad San Buenaventura y el Sena.

 

El estudio concluyó que 25.000 pasajeros por día podría ser la afluencia de la estación U.N. Sede Medellín, afluencia similar a la una estación de mediana en el sistema metro, como la estación Parque de Berrío.

 

Para el profesor Sarmiento Ordosgoitia recalcó que la idea no es recarga una línea la otra, sino más bien equilibrarlas de tal manera que la Línea F alterne la Línea A en determinadas ocasiones y dependiendo de la necesidad, por ejemplo en caso de emergencia.

 

“Si la línea proyectada tuviera intervalos de paso de cinco minutos entre los trenes captaría casi 500.000 usuarios diarios: eso significaría que prácticamente la Línea A quedaría con un tercio de la demanda que tiene actualmente”, explicó el profesor.

 

Al respecto, Juan Esteban Suárez, ingeniero civil y quien trabajó en el proyecto, dijo que con los nuevos trenes que compró el Metro, los tiempos de espera de los usuarios no se reducirían de manera significativa, ya que en la actualidad se está llegando al punto en que la infraestructura física debe cambiar, dado que el servicio está limitado por usar la misma vía, que tiene gran afluencia de usuarios.